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Javier Pérez, cofundador de Lienzzo

Consultoría de 30 min con Javier

Javier Pérez, cofundador de Lienzzo. Una videollamada para entender tu caso y decirte con franqueza si podemos ayudarte. Sin compromiso.

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frecuentes

Escribiendo por el formulario de esta página, por email a info@lienzzo.com o llamando al +34 611 605 228. A partir de ahí el proceso tiene tres pasos: una primera llamada de 30 minutos para entender el problema y descartar rápido si no encajamos, una sesión de descubrimiento donde se concreta el alcance, y la propuesta escrita con fases, precios y plazos. Si el proyecto está bien definido, la propuesta llega en pocos días. Si lo que hay es un problema operativo sin solución clara todavía, el camino correcto es el Diagnóstico IA, que es precisamente lo que convierte un problema difuso en un alcance presupuestable.

Cuanta más de esta lista traigas, más ajustada será la estimación: el proceso concreto que quieres resolver y cómo se hace hoy, quién lo usará y cuántas personas son, qué sistemas hay que integrar (ERP, CRM, contabilidad, tienda online) y si tienen API, el volumen aproximado -pedidos, facturas, consultas o documentos al mes-, si existen requisitos de normativa o de ubicación de los datos, y el plazo y el orden de magnitud de presupuesto que manejas. No hace falta traerlo todo resuelto: si falta la mitad, la primera sesión sirve justo para completarlo.

Los nuestros desglosan por fases, y cada fase indica qué se entrega, en cuánto tiempo y a qué precio. Dentro entra el análisis funcional, el diseño de interfaz cuando aplica, el desarrollo, las integraciones con tus sistemas, la migración de los datos existentes, las pruebas, el despliegue en producción y la formación del equipo. Aparte se detallan siempre dos partidas que muchos presupuestos esconden: los costes recurrentes de infraestructura, licencias de terceros y modelos de IA, y el plan de mantenimiento posterior. Saber esas dos cifras desde el principio es lo que evita sorpresas en el mes seis.

Sí, y es como trabajamos: precio cerrado por fase. Un precio cerrado para el proyecto entero antes de haber analizado el proceso solo es posible inflando el margen para cubrir la incertidumbre, y el cliente acaba pagando ese colchón. Cerrar fase a fase resuelve el dilema: cada bloque tiene alcance definido, precio fijo y criterio de aceptación, y el alcance de la siguiente se concreta con la información que ha aportado la anterior. Tú mantienes el control del gasto en todo momento y nosotros no necesitamos protegernos de lo que aún no se sabe.

Con cuatro medidas que se toman antes de escribir código. Invertir en analizar el proceso al principio, porque casi todos los sobrecostes nacen de un malentendido de alcance detectado tarde. Trocear en fases cortas con precio cerrado, para que ningún error pueda crecer más de tres semanas. Enseñar algo funcionando cada dos o tres semanas, que es la forma más fiable de descubrir un desvío mientras aún es barato. Y valorar por escrito cualquier cambio de alcance antes de ejecutarlo, con su impacto en plazo y coste. Un proyecto no se desvía de golpe: se desvía por acumulación de decisiones que nadie cuantificó.

Sí, y en proyectos con incertidumbre técnica real es lo más sensato. Una prueba de concepto es un ejercicio acotado de dos a cuatro semanas que responde a una sola pregunta: ¿es viable esto con nuestros datos y nuestros sistemas? Por ejemplo, si un modelo alcanza la precisión necesaria extrayendo datos de tus facturas reales, o si un sistema heredado permite integrarse sin API. No es un producto para usuarios ni pretende serlo: sirve para decidir con evidencia si merece la pena invertir en el desarrollo completo.

La prueba de concepto responde a "¿se puede hacer?" y el MVP a "¿lo van a usar y aporta valor?". La primera es técnica, dura semanas, la evalúa el equipo interno y su resultado legítimo puede ser "no es viable, mejor otro camino". El MVP es un producto real, en producción, con usuarios reales haciendo su trabajo con él: cubre el flujo principal de punta a punta aunque le falten funciones secundarias, y sirve para validar si el proceso mejora de verdad antes de invertir en el alcance completo. Muchos proyectos no necesitan prueba de concepto; casi todos se benefician de un MVP.

Respondemos en menos de 24 horas laborables, y quien contesta es un consultor, no un comercial de primera línea. En esa primera conversación de 30 minutos hacemos dos cosas: entender qué quieres resolver y decirte con franqueza si es un problema que sabemos abordar. Si no encajamos, te lo decimos en esa llamada y, cuando podemos, te orientamos hacia dónde mirar. Si encajamos, salimos con los siguientes pasos concretos y con una idea del orden de magnitud de inversión y plazos, para que decidas con información y no tras tres reuniones.